Rescate en la Isla Terafonte: camino al peligro

Mes Mano de Lluvia del 1147 D.C.I.D.


Era un día caluroso en Minorak y dentro de una de las tantas cárceles en las que la Eclessia decide el futuro de los pobres desdichados que por maldad o por hambre deciden cometer un delito contra la ley de Olam, los aventureros recibieron su condena de labios del versículo de lentes brillantes y, con ella, una marca labrada en alguna parte de su cuerpo con hierro incandescente.


Frente al verdugo, uno a uno los aventureros fueron marcados. Al marcar a Trebor, el hombre esbelto y moreno con la corona herrumbrosa en su cabeza, este se desgonzó del dolor que le ocasionó la quemadura, tan solo Yhibu y Kayle se acercaron a consolarlo.



Una vez la marca empezaba a cicatrizar en sus cuerpos, los aventureros, junto a Trebor, fueron investidos con el título de “perros de guerra”, que les permitía ejercer oficialmente como mercenarios de la Eclessia, sin embargo, esta marca también los hacía prisioneros, no solo de la Eclessia, sino también de la Isla de Terafonte, a donde tendrían que dirigirse. 



Con pocos detalles, Ezequiel 25,17 indicó a los desdichados su misión: infiltrarse en la isla, donde proliferaba un pagano culto al dios Intiyo y recuperar a un agente encubierto de la milicia Olámica, Ruegnar Maldrivia, quién fuera descubierto y capturado en la isla. Ruegnar habla siempre en metáforas y es fácilmente reconocible, pues usa una pata de palo desde que un demente con un hacha le cortara la pierna.

Una vez revelada la misión, los nuevos “perros de guerra” comieron y bebieron hasta saciarse en los calabozos, su última buena cena en una larga temporada, seguramente. Durante la comilona, Yhibu y Malgos relataron la historia de cómo se conocieron, memorias de pobreza, violencia y sangre, rojo fluido que causó especial excitación en Trebor, quien no pudo contener su alegría.

Una vez terminada la cena, los aventureros marcaron el equipo que habrían de infiltrar en la isla, hecho lo cual una figura diminuta y de aspecto bonachón entró al calabozo: se trataba de un enano llamado Monsodore. “Mons” para los amigos, estaba encargado de “diferentes asuntos particulares o mandatos específicos de la Eclessia", como reveló, y parecía ser viejo conocido de Yhibu.



Hechas las presentaciones de rigor, prosiguió el enano. Los aventureros tendrían que infiltrarse en la Isla de Terafonte, la principal de un grupo de siete islas, cuya creación y fundación se ha perdido en la historia de sus gentes y culturas dinámicas y cambiantes. El complejo de islas es casi virgen dada su remota ubicación y la inexplicable atracción que representan para bestias y criaturas peligrosas de todos los tallajes y dominios. 

Dada la hostilidad del territorio, la Eclessia no ha podido dominarlo, sin embargo, las gentes que allí habitan han logrado establecerse y organizarse en gremios cuyo dominio va y viene como las olas del mar que las rodea. Cada gremio solo puede extender su dominio en la isla en que se encuentre, siendo esta la única ley que las islas tienen en común. Actualmente, se encuentra en ascenso una facción que aunque no logra tener poder suficiente para controlar una isla, repunta en la lucha por la misma, su nombre es Puño Negro.

Durante la conversación, Macandal inquirió a Mons sobre una organización llamada La Cofradía, a lo que este respondió:

-     La Cofradía se encuentra en algún sector de Plutarco. Alguno de ustedes, en algún momento, fue miembro de la misma - señaló Mons. - yo lo sé todo acerca de ustedes. No me relaciono con nadie que no conozca – dijo el enano con seriedad - la información, es más valiosa que el dinero.

Para demostrarlo, señaló el nombre y procedencia de cada uno de los sujetos frente a él, ante su mirada atónita, los conocía a todos. Sobre Trebor, afirmó no saber mucho:

-    La primera vez que se tiene registro de ese hombre, fue cuando se le encontró tirado en las costas de Cogito, cerca de las islas exteriores, sin marcas, extrañamente, con la corona en su cabeza. Es particularmente extraño que no guarde memoria superior a tres días, pues constantemente se embriaga. Yo tendría cuidado de él - concluyó.

Interesada en saber más, Yhibu requirió más información de Mons, quien sagazmente respondió:

- La información tiene un precio.

- ¿Cuál es ese precio? - inquirió Yhibu.

- Un ojo de elfo, por supuesto – respondió el enano – tu ojo derecho.

Luego de dudarlo y consultarlo con Malgos, Yhibu aceptó la propuesta de Mons, quien asintió gustoso.
 
Fue entonces que se despojaron de sus vestiduras y adoptaron su nueva piel, mantos andrajosos y sucios, con los que se harían pasar como esclavos. Y emprendieron el viaje.

Luego de andar unas horas en carroza, se detuvieron a la sombra de un árbol a esperar. Fue allí donde Monsodore sometió a Yhibu al proceso de extirpación ocular. Luego de unas cuantas horas encerrados en una carroza y de escuchar algunos gritos de dolor, se vio salir a Yhibu con un parche en el ojo y a Mons guardando un frasco en su bolsa. Después de tomar asiento, Mons dio la orden de continuar con el trayecto.

Una vez andando, Monsodore, satisfecho por el trato que acababa de cerrar, continuó. Señaló que en la isla de Terafonte existían tres gremios que podrían ser de ayuda para la misión que los aventureros fuesen a desempeñar para la Eclessia:

La Familia, que es liderada por un elfo, quién perdió todo por manos de la Eclessia, incluso su familia, desde entonces, considera como un hijo a cada nuevo miembro de su gremio, a quienes trata con amor y generosidad, pero no les permite separarse de su seno, ni salir de sus dominios.

Luego, mencionó al Clan Tengu, a quienes describió como un grupo de “raritos” con espadas largas de punta curvada, de quienes se murmura guardan relación con los susurrantes del vacío - hay quienes dicen, incluso, que su líder es de hecho, la líder de los susurrantes del vacío, pero son solo rumores - señaló.

Al final describió al Aquelarre, el único grupo en el continente que practica la magia abiertamente, sin que la Eclessia pueda hacer algo al respecto.
Acto seguido, les habló a los aventureros de un mito largamente difundido por toda Tumb-Umbram, el del Cuerpo del Santo. 

Monsodore señaló, que el mito se remonta a las primeras décadas del imperio de Olam, cuando apenas se estaba estableciendo como la religión dominante en el continente. Incluso antes de la cruzada contra quienes profesaban la religión de Intiyo hasta diezmarlos.

-     Intuyo que su misión se trata de recuperar una de las partes del Cuerpo del Santo - señaló Monsodore - nunca vi a la Eclessia tan afanada por tener presencia en la isla, tal vez tenga relación con el rumor que se cuenta sobre la bóveda subterránea, oculta en alguna parte de la isla de Terafonte.

Macandal volvió a interrogar al enano, esta vez sobre Ruegnar Maldrivia. Mons señaló que Ruegnar era un agente de la Eclessia, importante dentro del círculo en que se encuentran.

Acotó también que escuchó de un antiguo gremio de magos y brujas, por las postrimerías de Minorak, quienes se hacían pasar por nómadas solitarios, cuya líder, una antigua bruja llamada Rosa, había representado un peligro para la Eclessia, al crear una catástrofe. Rosa fue una de las antiguas Siete Reinas de la Calamidad, forjadora además, de Las Dos Espadas del Fin.

Prosiguió dando información sobre la isla de Terafonte, donde una vez cada tres años, alguien puede retar al dueño de esta para hacerse con su control, y que en esos momentos, los gremios que se peleaban su dominio eran La familia, el Clan Tengu y el Aquelarre. Todos los nuevos en la isla son llevados por los dueños de la islas, en grupos de 5 o 6 personas para combatir criaturas en un espectáculo sangriento, donde, quienes sobrevivan, tendrán la posibilidad de vivir en la isla.

En la isla hay una enfermedad muy común, la fiebre de estrés. Aquellos que son infectados por esta enfermedad tienen dos opciones, buscar una cura que es muy costosa o padecer enfermedades mentales derivadas de la fiebre, ver otras personas que no existen, desvariar, atacar a su amigos. La receta de la cura contra la fiebre del estrés puede valer mucho para Monsodore.

El enano recomienda no consumir ningún tipo de droga, ni pelear contra criaturas que sean capaces de petrificar los cuerpos, y tener especial cuidado con la líder del Clan Tengu.

El viaje en carro tardó dos semanas hasta la costa. Al bajar de los carros, Mons extendió un trozo de papel a cada uno de los aventureros, al sostenerlo, este se consumió en una pequeña llama, dejando una letra tatuada en el hombro derecho de cada uno. 

– Si logran escapar de la isla, contáctense conmigo, la información que recuperen puede ser muy bien recompensada – concluyó.



Mes Mitad del Año del 1147 D.C.I.D.

Una vez en la embarcación que habría de llevarlos a la isla de Terafonte, le fue asignado un animal de compañía a cada uno. Un detalle que no pareció tener sentido hasta después de dos largos meses de viaje, cuando de repente una espesa niebla se cernió sobre las aguas y algunos de estos animales de compañía empezaron a morir misteriosamente...


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