Rescate en la Isla Terafonte: sangre, arena y llamas
Mes Última Semilla del 1147 D.C.I.D.
Aquel viaje que había iniciado de forma tan singular distaba mucho de ser placentero, pero cuando la aterradora y helada niebla empezó a tomar formas hórridas y humanoides, llevándose la vida de los pequeños animales de compañía que les habían sido dados, todo se tornó de incómodo y difícil a espeluznante e inverosímil.
Las criaturas cayeron sin vida en lo que parecía ser una especie de macabro intercambio. Un trueque de sus vidas en vez de las de los pasajeros, impuesto por la misteriosa bruma sobrenatural y aceptado tácitamente por los tripulantes y pasajeros del navío.
No obstante, algunos sobrevivieron: un curioso cangrejo llevado por Rak-Tak y Backo el valiente y amoroso perro que había acompañado al grupo desde los acontecimientos que los llevaron a juicio ante la Eclessia. Resultaba curioso que entre tanta miseria y podedumbre, estas pequeñas criaturas fungieran como un pequeño consuelo a este grupo de personas tan inmersas en la violencia y el peligro.
El tufo a ron y mugre de la tripulación, mezclado con los vientos marinos y el pescado en descomposición hicieron una combinación perfecta para enfermar a algunos prisioneros y hacer que otros deseasen llegar pronto a manos de sus nuevos dueños. Los aventureros resisten apenas. Algunos, como Yhibu (cuyo gato compañero no sobrevivió al viaje y al cual tomó cariño muy rápidamente), se recomponen con dificultad de la pérdida de sus animales de compañía a manos de la niebla terrible.
Una vez en la costa de Terafonte, la tripulación del barco empieza a moverse, obligando a gritos y latigazos a hacer lo mismo a los "pasajeros". Los aventureros inician sus labores de servidumbre, desembarcando cajas y barriles, cuando en un descuido dejan caer uno de esos barriles dentro del cual, para su sorpresa, desnutrido, deshidratado y borracho... está Vasir.
Tras algunas horas de trabajo, el grupo desciende de la nave. Backo se encuentra la cabra de Kyle, que apareció muerta. Rak-Tak y Macandal, hambrientos, solicitan permiso a Kyle para comerla, este asiente, apesadumbrado. El grupo se separa de la fila de prisioneros, con intención de alimentarse del animal muerto, sin embargo, antes de poder hincar el diente sobre la cabra, unos hombres acorazados con látigos los obligan a todos a volver a la fila.
Trebor se acerca a los aventureros de forma extraña y sigilosa, les menciona que una vez termine el combate, se reúnan en la zona más religiosa de la isla, para allí realizar su siguiente movimiento, acto seguido, desaparece entre la muchedumbre. Kyle se acerca a Macandal. Susurrando le pregunta respecto de la confianza que le suponen los demás aventureros. Macandal le responde con seguridad pero con la desconfianza justa de un perro viejo.
Una vez adentrados en la isla, todos los prisioneros son separados en grupos de cinco o seis individuos y confinados en pequeñas celdas. Vasir, ebrio, pide terminar el barril de alcohol que dejó a medias, mientras su cabeza se parte por la resaca.
- ¡Cállate, gato! ¡Pensamos que estabas muerto! – le replica jocosamente Rak-Tak, mientras todos sueltan una risotada.
Acto seguido, un hombre pasa lanzando agua por cada celda:
- ¡Báñense!, ¡huelen a mierda! – les grita, para luego arrojar con desdén 4 raciones de comida mohosa en cada celda.
Malgos se inclina y recoge las raciones, propone dividirlas de forma “equitativa”, así: 1 ración para Vasir, el más famélico y media para cada uno de los demás. Mientras la mayoría del grupo aprueba tal decisión, Macandal masculla con enojo, abstraído en sus pensamientos y sin prestar atención a la distribución de la comida. Yhibu y Malgos aprovechan su distracción para idear una repartición que beneficie a todos, dejando sin viandas al lagarto.
Finalmente, la comida se reparte así: Vasir una ración, Rat-Tak y Macandal una entre los dos, Yhibu y Kyle media ración cada uno, Malgos y Backo media ración cada uno.
Todos ingieren su parte y se disponen a dormir para recuperar energías en las celdas de la arena de combate a la que fueron trasladados.
A primeras horas de la mañana siguiente vuelve el guardia, para despertarlos lanzándoles agua fría de un cubo. Seguido de éste, se acerca un hombre de apariencia gorda y vestimenta elegante aunque vieja y sucia, quien se dirige a ellos:
- Buenos días. Va a comenzar el primer combate de las tierras de la Isla de Terafonte.
- ¿Primer combate? ¿No era uno solo? - lo interrumpe Yhibu.
- No sé quién te dio esa información - le responde el hombre gordo, mientras saca un papel en el que parece dispuesto a apuntar algo - ustedes saben que a las gentes menores les encantan los héroes. Díganme: ¿cómo se llama su grupo y quién es su líder?
Ante la inesperada pregunta, los aventureros se miran entre si y conversan durante unos minutos para tomar una decisión, que comunican por intermedio de Vasir. Este se acerca al hombre y le dice, señalando a Backo:
- Somos "Los Perros Borrachos" y él es nuestro líder.
El hombre lo mira extrañado, se inclina y da la mano saludando a Backo, este lo lame y lo muerde. El hombre salta hacia atrás y les reclama airado:
- ¡Pero qué falta de educación de su líder!
- ¡Solo le está demostrando su fortaleza! - le señala Rak-Tak, con una sonrisa llena de confianza.
El hombre les comunica que su turno para combatir es el tercero:
- Podrán ver los demás combates, si quieren. Mucha suerte a su líder y a su… - se interrumpe y se retira, dejando en expectativa al grupo.
Segundos después, aparece un par de guardias, quienes los llevan a un ala de la arena. En sus paredes hay estanterías con armas desgastadas y oxidadas, sin embargo, hay una bolsa con una gran “E” pintada.
Kyle se acerca a la bolsa y la huele, la abre y la revisa para encontrar varias armas y artefactos, todas con los respectivos olores de sus compañeros. ¡Son sus antiguas pertenencias!, mismas que uno a uno van extrayendo de la bolsa.
Dentro del gran saco Malgos encuentra una carta remitida por Monsodore y pasa a leerla en voz alta. El enano, encargado de infiltrar el equipo de los perros de guerra se ha encariñado con ellos y decidió mejorar ligeramente su equipo. Desde la guja lustrada de Rak-Tak hasta la munición excedente de Yhibu, cada una de las cosas encargadas se encuentra en mejor estado de aquél en que las entregaron antes de abandonar la prisión de la Eclessia.
Luego de un tiempo prudencial para revisar su equipo, ensayar golpes y revisar el entorno, se acerca el primer combate. El coliseo, con una acústica ingeniosa, se llena de gritos, mientras el murmullo de una puerta metálica abre paso al primer grupo de combatientes, un hombre con forma de lagarto y una mujer grande cuya piel pareciera de piedra, junto con otros 4 individuos de apariencia ordinaria entran en la arena. El hombre gordo los presenta.
- Con ustedes, ¡GRANT! un grupo diverso y fuerte, como ningún otro - grita el hombre gordo y su voz resuena en todo el escenario - fuertes desde la médula, vienen desde tierras desiertas – termina.
Del otro lado de la arena, se elevan unas puertas más grandes y pesadas, a la arena entran unos jabalíes grandes y fornidos, recubiertos de placas metálicas con pinchos, el primer combate ha comenzado. La mujer de apariencia férrea carga con su escudo en alto mientras que el hombre lagarto lanza cuchillos de forma ágil y precisa, mientras que los otros 4, visiblemente principiantes y asustados se quedan en la retaguardia.
Un primer jabalí, en una carrerilla indetenible, inclina una de las cuchillas pegada a su armadura y de un solo tajo corta por la mitad a la chica, cuyas vísceras se derraman por el suelo. El hombre lagarto grita desesperado llamando a su amor, mientras que el resto de principiantes empiezan a morir uno por uno, en una auténtica carnicería. El olor a sangre y los gritos de los asistentes a la masacre inundan el coliseo.
Terminado el espectáculo, los jabalíes son atraídos de vuelta a su celda y un grupo de sujetos con túnicas blancas, irrumpen en el lugar para recoger lo que quedó de los pobres desgraciados. Recogen todo en cajones con impecable precisión, barren y se retiran.
El hombre gordo continúa el espectáculo:
- Ahora, damas y caballeros, saluden todos, desde tierras lejanas, los últimos de su grupo, ¡BRENGAMU! – grita.
Un hombre sin armas, totalmente desnudo irrumpe en el escenario, seguido de este, otro canoso, de edad avanzada que sujeta un bastón, luego otro con una katana y después dos chicas que se quedan alejadas en la retaguardia.
De la puerta de las bestias son liberadas 4 criaturas de horrible apariencia, hechas con retales de carne maloliente y extremidades apeñuscadas en una masa rojiza de forma humanoide de proporciones atemorizantes. Un grupo de criaturas grotescas llamadas por los arcanistas como golems de carne.
Las monstruosidades carnosas se abalanzan rápidamente sobre los prisioneros, mientras que el hombre desnudo carga con fiereza hacia ellas, salta y de una única patada desprende la cabeza de los hombros de una de las abominaciones, saliendo ella disparada a varios metros de distancia; al caer esta, los gritos de la multitud, que antes resonaban con estruendo, se intercambian de golpe por una unánime y silenciosa expresión de asombro.
Acto seguido, el anciano levanta su bastón y de repente la arena se encuentra inundada. El hombre de la katana toma una postura precisa y extraña, un gesto marcial perfeccionado por los años de práctica. Mackandal y Rak-Tak se miran de inmediato con extrañeza, pues jamás habían visto tal movimiento y de inmediato vuelven sus ojos expectantes a la contienda.
El espadachín clava su hoja en el suelo y la usa como una catapulta para lanzarse contra uno de los golems. Desenterrándola en el último momento de su salto, sale disparado a gran velocidad y con un corte, uno de los golems cae despedazado sobre la arena.
El combate termina con una brevedad vertiginosa. No hay ninguna baja más que las aberraciones de carne putrefacta y sanguinolenta. El lugar se llena con un silencio absoluto. Ninguno de los presentes esperaba un resultado tan contundente y veloz.
Rak-Tak, visiblemente impresionado, se dirige al resto del grupo:
- Ese tipo… ¡ese tipo es un monstruo!
- Todos son monstruos - señala Malgos, evidentemente preocupado - esas cosas no deberían haber caído tan fácilmente frente a personas normales.
Desde la celda contigua, un hombre con voz enferma y un dejo de disfrute morboso les pregunta:
- ¿Les parecen fuertes? ¡Imagínense a quienes los capturaron!
Con tales palabras, y mientras sobre la lejana arena el grupo de hombres de túnica blanca realizaban las labores de limpieza, los aventureros se percataron del inminente peligro que corrían. Perder no era una opción. No en esta arena.
Los gritos de las graderías y las impresiones del segundo combate mantienen al grupo de aventureros en un estado de ansiedad constante, que es interrumpido por el cortante tañido de una campana. El hombre gordo inhala hondamente, abre su boca y grita:
- Ahora, damas y caballeros, es el turno de… ¡LOS PERROS BORRACHOS!
La puerta de hierro se eleva lentamente, los ecos metálicos resuenan en toda la palestra mientras los gritos de los asistentes se esparcen en el aire viciado por el hedor a sangre y vísceras. La oscuridad en la estancia donde se encuentran los aventureros se llena lentamente con la luz natural que se derrama desde la abertura principal del techo del coliseo. Mackandal con Backo y Rak-Tak con Chuck (nombre con que había bautizado al simpático cangrejo que lo acompañó durante el viaje), entran primero, seguidos de Yhibu, Malgos y Vasir.
Del otro lado de la arena llegan los murmullos de la pesada e inmensa reja metálica ascendiendo lentamente, abriendo así la cavidad de las bestias. Entran a la arena 3 crías de dragón, una por una, que se pelean entre sí.
Yhibu da un paso adelante, levanta la mano y una ráfaga fría pasa a través del campo hasta golpear a una de las crías. Mientras, Vazir se agacha, tensa su arco y dispara dos flechas seguidas contra las criaturas. La primera de las crías se levanta e intenta escapar, pero lo que parece algo invisible le impide el ascenso, como un techo impenetrable aún para su fuerza sobrehumana. Entonces baja y una llamarada sale de su boca envolviendo a Rak-Tak, cuya figura se pierde en el incandescente aliento.
La segunda cría intenta escapar, volando errática y sin entrar a chocar aún con el grupo. Mientras tanto, Chuck el cangrejo, lanza pinzadas al aire que cualquiera interpretaría como los movimientos agitados de un espectador que apoya al grupo de combatientes.
Kyle corre hasta la primera cría, lanzando una estocada contra la criatura, pero esta la esquiva retrocediendo en el aire el equivalente a uno o dos pasos humanos. Kyle no desiste y realiza un movimiento impreciso con su segunda rapier, cuya hoja corta el viento lejos de la criatura.
Mackandal camina sin prisa pero sin pausa contra la primera cría y lanza un ataque violento con su enorme hacha contra la misma, sin embargo, el filo ni siquiera la toca y va a dar al suelo. Mackandal luce inseguro, pero agarra su hacha y trata de golpear nuevamente a la cría, fallando otra vez.
Backo se acerca a Mackandal, le ladra y señala la segunda cría que se está acercando a la vanguardia del equipo. Una vez cesa el aliento de la primera criatura, la figura de Rak-Tak sigue firme. Extiende su brazo izquierdo y con una sacudida iracunda, el semi-orco apaga las últimas flamas que quedaban encendidas sobre él. Lanza un grito furioso que cruza toda la arena, agarra su arma y lanza una estocada con la guja a la primera cría, haciéndole un pequeño corte en su escamoso pecho, ataca nuevamente, pero la cría se mueve y lo evita, Rak-Tak gruñe, gira la guja por detrás de su cabeza a una velocidad impresionante para alguien blandiendo un arma tan grande y realiza otro corte en el cuello de la criatura, que ruge de dolor, el semi-orco con los ojos inyectados en sangre toma su guja con firmeza y golpea a la cría en la cabeza, la criatura emite un gruñido apagado y la arena queda en silencio...
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